Hemos visto en la página de “Cómo pedir ayuda”, las formas en
que el niño/a o adolescente puede pedir directamente ayuda en una situación
de abuso o de riesgo. Esta información es importante.
Por esto tenemos que dejar claro aquí, que las formas y vías de ayuda,
lógicamente, no dependen sólo de que el menor decida pedir ayuda. Los servicios
de los que ya hablamos, en especial el centro educativo y los servicios
sociales, tienen la responsabilidad de preocuparse y detectar los posibles
casos de riesgo o de maltrato en la familia o en la escuela, actuando ante la
posible necesidad de intervenir para proteger al menor.
Por eso, aunque es
importante que tengáis la información (cómo pedir ayuda), para utilizarla, también es
importante aclarar, que no debéis
cargar con el peso de que "es vuestra responsabilidad", ya que recurrir a ello significa que no habéis recibido otra ayuda antes, que necesitáis y que es responsabilidad de la sociedad y los adultos. Vamos a hablar
entonces, de por qué se hace necesario contar con esta atención directa.
Si os planteáis
utilizar estas vías de ayuda directa, seguramente os preguntáis, por qué no os
han ayudado antes, o por qué os veis obligados a recurrir vosotros mismos a pedir
ayuda. Aquí vamos a analizarlo con calma:
- Primero, por supuesto, la causa no está en que "no necesitéis ayuda". El hecho de que nadie fuera o dentro de la familia os haya ayudado directamente para buscar soluciones a vuestra situación, no quita ninguna importancia al problema. Al contrario, manifiesta la necesidad que tenéis de que alguien se haga cargo del tema de forma seria y decidida.
En los casos de
violencia y de abuso (a nivel físico o psicológico) en la familia, a menudo la
relación se construye sobre el miedo, de forma que el adulto además, nos hace
sentir culpables, para mantener su poder. Además, los menores están en
desventaja, porque por el hecho de ser hijo/a o menor, ya hay una clara
diferencia de poder. No debéis sentiros culpables, sois víctimas (alguien que
sufre una agresión) y no la “causa”, de que se comporten así con vosotros. Ese
sentimiento de culpabilidad, está causado por el miedo, pero no es real, se
trata de un mecanismo extremo de auto-protección (se desarrolla en estas
situaciones específicas de maltrato, es decir, casos extremos), pero debéis
saber que en este tipo de relación, con frecuencia las acciones por las que
sois “castigados” son sólo una excusa para manipularos, y no una causa. Por otro lado, si no os sentís culpables, no significa que no haya un maltrato, esto depende de la persona y su madurez, y de la situación.
No se debe confundir la función normal de los padres de “proteger” a sus
hijos, con estas acciones de violencia:
lógicamente, cuando uno es pequeño, o es adolescente, los padres tienen
esta responsabilidad, y a menudo no dejan hacer a sus hijos lo que quieren,
para protegerlos. Aunque no siempre tienen razón, es normal que surjan discusiones
porque no siempre podemos estar de acuerdo, y también es normal que el menor haga caso a
los padres, porque estamos creciendo y debemos ir aprendiendo sobre la
experiencia, de los peligros y riesgos en la vida, cómo prevenirlos y
afrontarlos, las normas sociales, cómo comportarnos con los demás, etc… además,
siendo menores no tenemos los mismos recursos que un adulto para resolver por
nosotros mismos determinados problemas. La diferencia es que esta relación no
debe basarse en el miedo, lo normal es
que aprendamos a razonar o discutir con nuestros padres, con respeto, aunque
luego no tengamos razón o no podamos conseguir lo que queremos, pero no que
obedezcamos a todo por miedo, no seamos capaces de decir nada sobre lo que nos
parezca injusto o no estemos de acuerdo, o el simple hecho de hacerlo nos de
miedo o tenga consecuencias de castigo de cualquier tipo.
Los menores están aprendiendo en la
vida, se están desarrollando, y es obligación de los padres educarlos, pero
esto no se hace a base de miedo, o sólo del castigo, o de “reñir” o “prohibir”,
sino enseñando, ayudando, comunicando, escuchando, comprendiendo, explicando, aprobando
al hijo y apoyándolo. También debemos aprender que existen unas normas, y esto
es difícil, pero seguirlas desde pequeños nos ayuda a tener una vida más
ordenada, y comprenderlas, pero esto es distinto. Cuando somos pequeños,
nuestra limitada lógica mental, nos lleva a entender que la autoridad es el “bien”,
y por tanto, lo que esa autoridad (padres/madre) no acepte, estará “mal”, este
principio tan sencillo regula nuestro comportamiento, por eso al ir creciendo,
el miedo que sentimos ante la agresión, se puede transformar en culpabilidad.
Además, tenemos una necesidad básica de ser queridos, sobre todo de pequeños, y
tratamos de buscar la aceptación y afecto, la aprobación del adulto, que en los
casos de maltrato, sin embargo, no obtenemos generalmente, y a menudo cuando es
así, se utiliza como chantaje para seguir controlándonos.
- Existen distintos tipos de maltrato, y niveles de gravedad, que veremos en otra página. Ahora seguiremos con lo que nos ocupa: ¿por qué tengo yo que pedir ayuda, o, por qué no me han ayudado antes? Hay diferentes situaciones de riesgo en que los servicios profesionales actúan para proteger a los menores, no sólo el maltrato, aunque nosotros nos centramos en estos casos.
Aunque a nuestros
propios ojos, o a ojos de los demás, nos parezca muy sencillo o evidente,
determinar que existe una situación de maltrato en la familia, lo cierto es que
precisamente, al ocurrir en lo privado (convivencia doméstica), no es tan fácil
como podemos creer, detectarlo. Además, es necesario respetar esa
privacidad de la familia y de cada persona. Se trata de algo delicado y grave,
y no se puede culpar a nadie sin saber, y sin comprender cuestiones importantes
o las causas que influyen.
Por otra parte, la
sociedad, a pesar de estar organizada, y de contar con recursos específicos
para garantizar los derechos de los menores, no es perfecta y no siempre
funciona como debería o como esperamos.
La PREVENCIÓN es
fundamental para proteger al menor. Por eso, los servicios profesionales
tratan desde la etapa infantil, no sólo de detectar situaciones
de riesgo, sino también ayudar a las familias a mejorar su experiencia como padres y la
convivencia familiar, de diversas formas (desde apoyo económico, a
profesional). Pero a veces, las propias familias no aceptan, o no piden,
ayuda que les puede ser útil.
Por otro lado,
los servicios educativos y sociales, como ya decíamos, a veces no funcionan
como deberían. Hay que tener en cuenta que la privacidad, por un lado, y
por otro la libertad de los padres de educar a sus hijos según crean mejor,
según sus convicciones, costumbres, creencias, etc. tiene que respetarse. Los
profesionales a veces se encuentran con que no tienen recursos (personales,
profesionales o sociales) suficientes o apropiados para detectar o ayudar en ciertos casos.
Esto es un problema a resolver por la sociedad, en ese caso, porque es su
responsabilidad, ética y legalmente. Incluso, ocurre a veces que un profesional
se desentiende de esta responsabilidad, a la que está obligado.
La crianza de los
niños pequeños, es una tarea muy difícil para los padres. Muchas veces no están
preparados, como personas, o por su situación socioeconómica o cultural, para
afrontar adecuadamente todas las responsabilidades. No existen padres perfectos,
las personas no nacemos aprendidas, y siempre tenemos nuevos retos en la vida,
el padre más preparado cometerá errores y dudará sobre cómo afrontar ciertas
responsabilidades. La sociedad debe ayudar y apoyar a los padres a cumplir
mejor con sus funciones.
Por todas estas razones, a veces
la prevención o la intervención de los servicios cuando el niño es pequeño, no
funciona como debería, ya que no se toman las medidas necesarias para evaluar la situación y actuar
sobre ella. Además, la prevención no siempre produce el efecto de
mejorar la situación familiar: un padre/ madre que desarrolla un maltrato, en
repetidos casos no deja de hacerlo con el paso del tiempo, a pesar de que se
intervenga. En estos casos, se tomarán otras medidas más importantes para
proteger al menor.
Es importante por
lo tanto, que existan vías para pedir ayuda directa por parte del menor, en
caso de que el sistema, o la red familiar, fallen. Estas vías pueden utilizarse también por otros
menores o adultos para denunciar la situación que sufre un niño/a o
adolescente.
También, dar importancia en la etapa
adolescente, en Educación Secundaria, a la detección y prevención, por si no se
ha detectado, prevenido, o actuado, durante la infancia, o no se ha hecho
convenientemente. En este caso debemos acudir al Orientador, ya que el
profesorado en Secundaria aunque tiene la responsabilidad, a menudo no está
preparado para detectar estos casos, o actuar, entre otras cosas, porque
atienden a muchos alumnos.